la foto es de Robb Debenport, tomada de www.debenport.com
Para mí "poseer a una mujer" es la posibilidad de adentrarme en la intimidad de su alma a través de la intimidad sexual. No quiero sólo abrirle las piernas y penetrarla: quiero entrar en ella cabalmente, fundirme en sus secretos al hacerle el amor, conocerla enteramente y apreciar esos secretos que sólo muestra una mujer cuando se apasiona y gracias al placer libera sus tabúes y miedos. Gozar de ella y con ella en los planos físico y espiritual.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Sólo caricias...


Nunca he entendido por qué a ella le dan tantos ataques de inseguridad si es guapísima. Me fascinan su cara y su cuerpo, me gusta mucho cómo besa y, sobre todo, me encanta hacerle el amor. El problema es que cuando se siente tímida no es nada receptiva, por eso establecimos el código “sólo caricias”, palabras que me dice poniéndome su dedo índice sobre los labios. Entonces  nos abrazamos mientras le acaricio el pelo o le beso los ojos.
            La conozco tan bien que por su semblante sé cuándo es uno de esos días. Así que me sentí frustrado esa noche al llegar a su casa y verla más deseable que nunca, vestida con una blusa suelta y escotada, unos jeans muy entallados que marcaban la forma de su cadera, su pubis y sus piernas, calzadas con esas botas altas que detesto porque son tan difíciles de quitar. ¡Diablos!, olía delicioso y el escenario era, por decirlo lo menos, muy propicio para la intimidad con música suave y un buen vino junto al sofá tan cómodo y amplio en el que solemos pasar el tiempo.
            Ahí nos acomodamos y mi deseo creció al tenerla cerca. La senté sobre mis piernas y comencé a besar su cara sosteniéndola de la cintura, pero me rechazó deslizándose hacia atrás. Quedó recostada extendida, su blusa un poco remangada y el torso más bajo que sus piernas, que quedaron sobre las mías. Separé un poco sus muslos y comencé a acariciarlos por su cara interna, deslizando mis manos fácilmente porque ella, siempre, usa pantimedias bajo el pantalón, y fui subiendo hasta rozar la costura central. Empecé a explorar bajo su blusa al tiempo que presionaba sobre su pubis dándole un movimiento de vaivén, alternando presionar levemente sobre la zona central con mi dedo medio, luego bajando el índice y el cordial a los lados de la ingle, seguido de un movimiento rotatorio sobre toda la entrepierna.
            Comenzó a gemir, despacito. Solté el broche de sus jeans y bajé la cremallera para introducir la mano bajo su lencería. Exploré sus pliegues cuidando de no lastimarla, porque el elástico de las pantimedias no me permitía mucha libertad. La encontré tibia y húmeda y logré lubricar alrededor de su clítoris. Debajo de su brassiere sus pezones ya estaban firmes.
            Tuvo su primer orgasmo, corto e intenso. Levanté su cadera para poder bajar toda su ropa hasta donde las botas lo permitieron y separé lo más que pude sus piernas para estimularla y estimularme viendo cómo se mordía el labio inferior antes de que con todo el rostro mostrara cada que llegaba al éxtasis. Podría haber estado así por horas, pero de pronto me dijo “ya no más”, se incorporó, me retiró los dedos que le había introducido y me los puso sobre mis labios diciendome con picardía: “hoy, sólo caricias”.


sábado, 10 de agosto de 2019

Una tarde nada rutinaria


Aquella era una tarde habitual más. Finalizada otra jornada de trabajo en mi estudio con Mary, mi buena amiga y confidente, la iba acompañando a la salida cuando sonó el timbre de la puerta. Abrí, y ahí estaba Luisa, mirando desconcertada que yo estaba acompañado. Bien sabía que ellas dos se detestaban, aunque intercambiaron un escueto saludo besándose en la mejilla. Le pedí a Luisa que me esperara en lo que acompañaba a Mary a su auto, donde a modo de despedida comentó: “cuídate de esa alimaña, quién sabe qué se trae”.
                En lo que volvía a mi casa me empecé a percatar que si había algo raro en la visita. Aparte de algunas pláticas ligeras en alguna fiesta no tenía mayor amistad con ella, y más extraño aún,  nunca la había visto con falda.
                De regreso, Luisa me explicó que había pasado para que le prestara algunos libros. Empecé a buscarlos cuando me dijo: –Tengo que pasar a tu baño–. Un rato después, la escuché: –¿Puedes venir, por favor?
                Recorrí el pasillo que lleva al cuarto de baño. Lo encontré vacío, pero la puerta de mi alcoba estaba entornada. Me asomé despacio: la vi acostada en la orilla de mi cama, desnuda, mirándome cómo miraba sus piernas estiradas, ligeramente separadas con la cara interna de los muslos vueltas hacia arriba.
                Me recargué en el marco de la puerta mientras ella mantenía ambas manos acunándose los senos.

–Anoche soñé que nos encontrábamos de frente en ese pasillo que casi siempre está solo. De repente, alzabas las manos hasta mis senos. En mi sueño eran más pequeños, cabían en el hueco de tus manos, tus manos... me gustaba verlas sobre mí y sentir tus caricias. Desperté muy excitada y sólo he pensado en venir a verte...
–Sigue tocándote, –le dije, y empecé a quitarme la ropa sin quitarle los ojos. Dejó una mano en su seno izquierdo y bajó la derecha... –¿Así?, preguntó, mientras su dedo medio presionaba el centro, y sus otros dedos abría ligeramente su sexo, tirando un poco hacia arriba.

Terminé de desvestirme mientras escuchaba su respiración cada vez más rápida. “No habrá preliminares”, pensé mientras me acercaba. Le tomé la mano derecha y la besé y, como siguiendo una coreografía de baile muy ensayada, ella respondió a mis movimientos con docilidad: la levanté de la cama para voltearla de espaldas y ponerla en cuatro sobre la cama, empujando su torso hacia adelante.
                Volví a poner su mano en su pubis y dirigí mi miembro siguiendo desde arriba el surco entre sus nalgas. Sentí un ligero respingo cuando pasé sobre su esfínter. Encontré su sexo un poco cerrado después de su primer orgasmo, pero su humedad me permitió penetrarla fácilmente. Sujeté con fuerza su cintura para empujar mejor hasta que, entre jadeos, reclamó: “mis senos, no los descuides”. Así que repegué mi torso sobre su espalda. Pasaron varios minutos en los que por un lado las caderas tenían un ritmo cada vez más vertiginoso, mientras mi cara estaba muy cerca de la suya, aspirando el aroma de su pelo y su aliento cada que repetía “así, ... así” cuando sus senos desbordaban el cuenco de mis manos.
                Al terminar, nos quedamos acostados casi en la posición que teníamos mientras hacíamos el amor, su espalda muy pegada a mi pecho, mis manos seguían acunando sus senos, maravillado de que tuvieran la misma consistencia firme y a la vez suave con que los había soñado.

jueves, 21 de junio de 2018

La dentista


Estoy intrigado. Escuché a un sexólogo pontificando: -- ...parece presuntuoso pretender patentar perversiones...-- (p... p... p... puras palabras principiadas por “p”. Me pregunto cuál etiqueta le podría Don Especialista a la mía: Me encanta ir con la dentista para fantasear mientras estoy en la consulta, literalmente a su merced.
Quizás haya algo del "fetichismo de la enfermera”, pero no me tachen de masoquista, que no es el caso. ¿Vouyerismo? Tampoco, cuando el reflector, su mascarilla, los anteojos y la bata me restringen la vista.

Fue una fortuna encontrarla. Excelente profesionista, gentil y guapa, aunque algo delgada para mi gusto. En especial me atraen su mirada y sus manos fuertes y al mismo tiempo delicadas (también es pianista). Entrando en la tercera década, de modales suaves, voz sensual y además divorciada, no es difícil entender que sea el tema de fantasías cada vez más elaboradas.
Mi imaginación se empieza a desbocar al momento de ocupar el sillón de verás cómodo que se amolda al cuerpo dejándolo en una posición relajada, mientras espero que se desarrolle el ritual: anticipo sus manos sobre mi cara para darle el ángulo adecuado, como si recibiera una caricia de sus dedos enguantados mientras apoya sus senos en mi hombro cuando busca la mejor posición para trabajar.

Siempre me pregunto si lo hace a propósito, calibrando mi resistencia, o es por coquetería innata. ¿Cómo explicar que se empeñe en susurrar canciones de La Oreja de Van Gogh tan cerca de mi boca abierta?, ¿se dará cuenta cuanto me excita comerme su aliento que llega a través del tapaboca? ¿Qué no se percata cuán atrevida es la forma en que desliza su cuerpo sobre el mío cada vez que ajusta el reflector o los controles del taladro? ¿Sabrá acaso del deleite que me causa cuando hace resbalar su falda junto a mis manos inmóviles en las braceras?

Me complace pensar que se perfuma el cuello y el busto para recibirme, con ese aroma tan delicado. Me gustaría liberar sus orejas pequeñas de la liga de la mascarilla y besarlas para curarlas de sus marcas... pero mi boca está anestesiada, ¿cómo besar algo tan delicado con los labios entumidos y sabor a cemento dental? El babero y el extractor de saliva tampoco son muy propicios para una escena amorosa...

Al no estar en condiciones de besarla como y donde yo ansío, trato de idear otras formas de seducirla. Podría empezar levantando una mano para tocarla pero... ¿y si lo interpreta como que estoy indicándole una molestia? Tendría que ser un avance que no dejara lugar a dudas ¿...y si le resulta burdo? Quizá si apoyara la mano sobre su cadera... El desenlace de la fantasía depende del estado de ánimo que le aprecie en el momento... a veces es receptiva, a veces no, pero.... ¡cómo la deseo teniéndola tan cerca!

Debo aclarar que cuando hablo de “desearla” no estoy entendiendo “querer poseerla” en el sentido de imponerle mi dominio manoseando su cuerpo o de una mera morbosidad por conocer la forma de sus senos o saber cómo son sus orgasmos. Para mí “poseer” es la posibilidad de adentrarme en la intimidad de su alma a través de la intimidad sexual. No quiero sólo abrirle las piernas y penetrarla: quiero entrar en ella cabalmente, fundirme en sus secretos al hacerle el amor, conocerla enteramente y apreciar esos secretos que sólo muestra una mujer cuando se apasiona y gracias al placer libera sus tabúes y miedos. Gozar de ella y con ella en los planos físico y espiritual.

Por eso aderezo mi imaginación con diálogos en que ella se muestre complaciente y dispuesta a que ambos tengamos una fiesta con su entrega:

Ella (asombrada y desafiante al percatarse de la caricia): --¿¡Qué haces!?--
Yo (tímido): --Tratando de estar a la altura de las circunstancias--
Ella (arrogante): --Mis circunstancias están húmedas--
Yo (aliviado y excitado): --Pues quiero estar a la altura de ellas...--

Pero la realidad se impone. Sigo tratando de resolver el problema del sillón: aunque cómodo es estrecho y rodeado de estorbos: el reflector, la charola del instrumental, las llaves de agua. La salita de espera justo al lado, y casi siempre llena de pacientes, me cohíbe, y me carcome la duda de qué pasaría si no fuera capaz de satisfacerla.
Me conformare, pues, con seguir forjando fantasías y me despediré conforme manda el decoro de la relación doctor-paciente. Hasta la próxima consulta...

lunes, 28 de octubre de 2013

teatro viviente

Obra de teatro en un solo acto
Clasificación: XXX, para mayores de 21 años


Pesonajes:
Héctor: Cuarentón divorciado y desarrollador de software para redes sociales. Pasa casi todo el día en el estudio donde tiene su computadora. Vive solo, sin mascotas ni problemas económicos.
Emilia: Ejecutiva de ventas de una gran corporación. Soltera y solitaria de unos treinta años, más guapa de lo que ella misma admite. A pesar de que aparenta ser de criterio amplio, en realidad acarrea fuertes represiones que la llevan a no mantener ninguna relación más allá del primer encuentro sexual.
@Morenita: Personalidad virtual. No se sabe de ella más que las pocas referencias que da de sí misma sobre sus medidas y características corporales. Por algunos giros lingüísticos que usa, a veces parece ser española y a veces sudamericana.

Héctor y Emilia se conocen en una convención de la compañía donde ella trabaja y para la que Héctor esté desarrollando Apps para celular. Después de un coqueteo intenso, ella busca algún pretexto para pasar por la casa de él, adonde llega vestida más o menos provocativamente y con una botella de buen vino.


ACTO ÚNICO
Se levanta el telón

Se escucha música suave. Aparece un estudio alfombrado y decorado con buen gusto, pero desordenado. Hay un mueble para computadora y un sillón ergonómico frente a él, rodeado de algunos anaqueles llenos de libros y cd’s apilados a la buena de Dios. Sorprende el tamaño de la pantalla y el modelo de última generación de la computadora.

Sobre el escenario, una pantalla gigante permite que el público vea la actividad en la computadora.


  • Entra Emilia contonéandose seguida de Héctor, que lleva dos copas en la mano y se dispone a llenarlas, mientras Emilia se acerca a curiosear la computadora que quedó encendida.

Héctor: --Me sorprende que hayas venido a esta hora. Pudimos haber cerrado los detalles en una conversación en línea… pero me alegra que estés aquí. ¿Podrías apagar la compu mientras sirvo más vino, Emilia?
Emilia (se aproxima a la computadora) --Oye, tienes un mensaje en el Face de una tal @Morenita. Dice: “«Toc, toc”.
Héctor (alardeando un poco): --Ah, es una de mis contactos. Ésa es la clave que tenemos para iniciar pláticas intensas.
Emilia (sonrojándose): --¿Qué tan "intensas"?
Héctor (como no dándole importancia, pero en realidad presumiendo):--Se quiere masturbar.
Emilia (se acerca a la pantalla y recarga los muslos sobre el hombro de Héctor, que se ha sentado en el sillón y comienza a examinar el chat): --¿Se dicen guarradas y todo eso?
Héctor –Más bien nos divertimos de lo lindo. Ella es… por decirlo de alguna forma, muy entusiasta.
Emilia (interesándose) --A ver, contéstale, déjame ver cómo lo hacen.

Héctor  --«Hola, @Morenita, ¿traes tu collar?
@Morenita: --«Sí, Papi, traigo puesto mi collar.
Héctor (dirigiéndose a Emilia) --Ése es nuestro santo y seña para iniciar una sesión tormentosa. El “collar” es una gargantilla de terciopelo negro con un cascabel. Ella es mi Gatita.
Héctor (tecleando): --«¿También traes puesto el leotardo de gatita?
@Morenita: --«Sí, Papi.
Héctor: --«¿Y debajo?
@Morenita: --«Nada, como te gusta.

Emilia (celosa): --¿”Papi”? Pues para mí que la @Morenita es una menuda zorra, Díselo, ¡dile que es una zorra!
Héctor –mmmm, no solemos hablarnos así, pero puedo ver hasta dónde quiere llegar hoy.

Héctor --«Acércate a la mesita y elige un par de medias, negras o blancas. Mientras te veo ponértelas, dime si te has estado tocando.
@Morenita: --«Sí, Papi. Todos los días y me he venido bien rico.
Héctor: --«También hay dos diademas. Una con orejitas de gato, y otra con orejas de zorra. ¿Cuál escoges?
@Morenita: --«¡Las de zorra! Hoy quiero ser tu zorra. Voy a ser tu putita, Papi.
Héctor --«Déjame verte: ¡Se te nota todo!, ya lo tengo bien duro. Ahora, ponte de rodillas y sácate las tetas. Agárratelas como cuando piensas que yo soy el que te las aprieta a manos llenas.

  • Emilia da dos pasos atrás y comienza también a acatar las órdenes. Se hinca y abre la blusa mostrando los senos. Comienza a masajear sus pezones con los dedos lubricados con saliva, como @Morenita está describiendo. Héctor, viéndola, se excita al entender el juego y continúa impartiendo órdenes, complicando un poco las cosas para ver cómo las resuelve Emilia.

Héctor: (tecleando, pero sin dejar de ver a Emilia) --«¿Ves las tijeras que están en la mesa? Tómalas y corta la tela de la entrepierna.
 @Morenita: «Gracias, Papi, estaba muy ajustado y con mi humedad me daba como comezón. ¿Te gusta así?

  • Emilia se remanga la falda haciendo a un lado el hilito rosa enseñando una vulva recién depilada.

Héctor  (se comienza a frotar por arriba del pantalón, su vista pasa rápidamente de Emilia al teclado): --«Estás bien buena, @Morenita. Ahora, quítate el collar y pásatelo por el sexo. Quiero ver como se mete en tu rajita. Avísame cuando lo tengas mojado.
@Morenita: «Ya estoy bien caliente. Métemela, por favor, quiero sentir tu verga en lugar de los dedos que tengo dentro. Quiero que me cojas fuerte y me chupes el coño.

  • Emilia se quita una pañoleta de seda y se frota con ella. En su cara se nota que se acerca cada vez más al orgasmo, con el cuerpo ligeramente echado hacia atrás y jadeando más fuerte y rápido.

Héctor: «Ahora, acércate de rodillas, y mastúrbame.
@Morenita: «¡Tan rico! siempre te lo he querido sobar a tu gusto, Papi,

  • Emilia se acerca sin levantarse y saca el pene erecto de Héctor. Lo frota con firmeza deslizando su mano arriba y abajo.

Héctor: «Pasame la lengua a todo lo largo para lubricarme.

  • @Morenita teclea “ahhhhh” señalando su primer orgasmo. Emilia menea la cadera de adelante hacia atrás mientras se toca el clítoris con los dedos mojados en su propia vagina y también se viene ruidosamente.

@Morenita: «Déjame que te la chupe, Papi. Quiero mi lechita.

  • Emilia abre la boca y se prepara para dar sexo oral. Héctor le empuja la frente hacia atrás. Emilia lo mira desconcertada.

Héctor: «Hoy tengo otras ideas. ¡Sigue masturbándome, Zorra! Que ya estoy por venirme.

  • Emilia le frota vigorosamente el pene mientras se sigue  tocando. Héctor, a punto de eyacular, teclea:

Héctor --«Me voy a venir, hazte a un lado. –Empuja a Emilia mientras un abundante chorro de semen va a caer al piso.
Héctor --«¿Ya quieres tu lechita? Ahora sí me la mamas y luego lames lo que cayó en el piso. Te empinas bien. Mientras, termino de romperte el trajecito para verte bien las nalgas y ese culito tan apretado que luego me pides que te reviente.
@Morenita y Emilia: «Sí, Papi. Qué rica la lechita de tu verga y del piso

  • Emilia, hincada, lame el piso dejando ver un glorioso par de nalgas y su sexo completamente enrojecido. Héctor tiene otra erección.

@Morenita y Emilia: --Penétrame por atrás, Papi. Por ahí soy virgen. Reviéntame. Quiero que me duela.

  • Héctor se arrodilla detrás de Emilia y la penetra por el ano con brusquedad, enloquecido con los gritos de dolor y de placer. Emilia se toca el clítoris mientras Héctor le agarra senos y nalgas, y eyacula dentro del recto.  Mientras Emilia tiene otro orgasmo, @Morenita dice que se está masturbando con un vibrador y logra varios orgasmos.

@Morenita: «Te luciste hoy, Papi, Tuve un orgasmo tan fuerte que me tiembla el ano. ¿Por qué fuiste tan intenso hoy?
Héctor --«Porque al mismo tiempo me estaba cogiendo a otra igual de puta que tú. Le estaba haciendo lo mismo. Te lo hubiera dicho para que te calentaras más imaginándote que alguien me estaba masturbando y lamiendo.
@Morenita: --«Para la próxima me avisas. A mí también me calienta saber que alguien más está en esto. Hagamos un trío para la próxima, ¿Vale?, Bye y besos. Te quiere, tu @Morenita.-


Cae el telón

Fin de la obra

sábado, 26 de octubre de 2013

O Tempora, o Mores...



Nunca me acostumbraré a las costumbres actuales… en especial eso de estar siempre al pendiente del teléfono celular. Para mí sólo sirven para mandar mensajes cortos y llamadas de emergencia, pero sí conozco algunos de sus trucos, como hacer que cada contacto tenga su propio tono de llamada.

Esto viene a cuento porque nunca se me hubiera ocurrido contestar una llamada a la hora de estar haciendo el amor, como hizo mi pareja de ocasión.
Estábamos ya en una etapa bastante avanzada cuando sonó su celular. Ella reconoce el tono asignado a su mejor amiga, busca el aparato entre las ropas desordenada junto a la cama y activa el altavoz mientras jadea para contestar:

--¿Qué pasó, mi Lobi?
--Lo mismo te pregunto, mi Lobi, te oigo agitada. ¿Llegaste a tu casa corriendo a ponerte de ñoña para ver los Simpson?
--No mi Lobi, ni estoy en mi casa ni viendo la tele: ¡me están cogiendo bien rico!
--¡Lobi!, me asombras…
--Pues ve creyéndolo, Lobi, te voy a dejar oír cómo me estoy meneando y no tardo en venirme.
--Se oye que te está yendo bien, ¿a quién engatusaste, mi Lobi?
--Pues a un ñor que me encontré en la terminal de autobuses cuando llegué a la ciudad y lo saludé repegándomele mucho. En cuanto lo vi se me subió la hormona. Cuando estaba en la prepa iba a su tienda: me gustaba cómo me veía queriéndome levantar la falda.
--Nunca me contaste que ya fueras tan zorra antes de que te conociera, mi Lobi. Y con lo que me cuentas ya me estás contagiando la calentura. A ver, platícame más.
--Pues después de que me abracé del ñor y casi le mordí la oreja, me gustó sentir su mano en la cintura para apretarme y sentir mis bubis clavársele en su pecho…
--Para clavadas las que te están dando, que hasta acá se oye el chapoteo… Oiga, Ñor, ¿a poco sí está buena la Lobi?
--Tiene el coñito como me lo imaginaba. Y también le sabe bien rico.
--Pues claro que me sabe rico. Cuando me quitó la tanguita ya estaba bien mojada. Me estuvo frotando y luego tocándome mi clito mientras me metía los dedos… Ah!, tan rico que me chupó toda, mi Lobi…
--¿Te sobó por encima sobre la rajita?, ¿moviendo la mano rápido y apretando fuerte?, ¿Cómo yo me estoy tocando ahorita, mi Lobi?
--Quítate la ropa y abre bien las piernas para que estemos iguales. Lástima que no tengas quién te junte las bubis mientras te chupa esos pezoncitos que tienes.
--Chiquitos pero bien duritos. Me los estoy mojando con salivita, ¿estás arriba o abajo?
--Arriba, de a langostita, para que me agarre las nalgas y me mire toda mientras subo y bajo, y yo también veo como me entra…
--Espérame tantito, no seas mala onda, a ver si nos venimos juntos los tres. Ya tengo dos dedos adentro…. ¿quieres oírme jadear, mi Lobi?, porque lo que me está poniendo bien hot son tus gemidos.
--Apúrate, me voy a venir bien fuerte, mi Lobi…. Y más me caliento oyéndote y sabiendo que me oyes

A estas alturas, dejaron de hablarse. Por el teléfono sólo iban y venían el sonido de respiraciones agitadas, jadeos, gemidos, gritos de “¡Más!”, “¡Ay, qué rico!” para acabar cuando le pedí su boca para eyacular ahí.

Lo que más me gustó de todo fue estar dentro de una mientras oía el orgasmo de las dos al mismo tiempo… y lo mejor, ya quedamos para hacer una recreación en vivo.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Guiño furtivo.
Maravillas ocultas
tras los encajes. 

lunes, 30 de mayo de 2011

Eros ludens

A pipis y gañas,
¿a qué jugaremos?
¡A hacer el amor!
¿Quién lo gozó?
El rey y la reina.
Alza la mano
que-te-pi-ca
el-ga-llo
co-pe-TÓN

Sin ropa flirteamos
hincados de frente,
con juegos de manos
echamos la suerte,
las coplas palmeamos
¡empatamos siempre!

Nos divierte mudar
los cuerpos en juguete,
con entusiasmo a la par
rodando en molinete
volver la cama un mar
y quedarnos al garete.

Baila la ruleta
gano la partida:
unto mi receta
beso tu guarida,
el néctar que secreta
me da la bienvenida.

Cedo el turno ahora,
la cátedra comienza;
con dotes de cazadora
anulas mi vergüenza
recurres a la mecedora
liquidas mi defensa.

Disfrazado de felino
mi guiñol monta su acto,
mas en tu teatrino
pierde su guión exacto:
en escenario tan fino
ha quedado estupefacto;

Sin tardanza improvisa
el jugarte una broma
para mirarte una sonrisa
recurre a una maroma,
luego, sin ninguna prisa
su performance retoma.

Busco tu desconcierto
me detengo de improviso
preguntas: ¿sigues despierto?
En clave morse te aviso:
pulsos cortos en concierto
pulsos largos maximizo.

Ajedrecista en acción
me impones un garlito:
exiges como condición
repetir nuestro jueguito.
Qué importa la adicción
saldaré mi deuda expedito.