--Hola!!! ¿Cómo estás?
Levantó la vista de los folios que esperaban su sello antes de pasar a otros escritorios. Era raro que alguien lo saludara, pero más extraño fue escuchar a Teresa, quien le hablaba con los muslos flanqueando una esquina del mueble, las manos aferradas a la orilla del escritorio exponiendo la parte interna de los antebrazos y los senos inclinados hacia él.
¿Teresa?, ¿esa secretaria con facha tan de ama de casa treintañera que no asistía ni al brindis de fin de año?, se preguntaba su mente desvelada mientras la miraba con la boca abierta. Ella, lejos de incomodarse, le sonreía con picardía: --Sólo pasé a darte los buenos días; espero verte luego-- le guiñó antes de perderse entre las filas de escritorios grises rumbo a su oficina con un marcado contoneo balanceando la trenza.
Al verla alejarse así lo recordó. La noche anterior empezó tan aburrida como todas: tras perder el tiempo con las portadas de las revistas porno sin atreverse a comprar una, llegó al pequeño departamento a ejecutar la rutina tan ensayada y masturbarse antes de dormir convocando a sus recuerdos y frustraciones. Ya para acostarse falló la corriente eléctrica; ahora que debía esperar a que se reanudara el servicio para ajustar el despertador, se entretuvo con los reflejos que la luna llena proyectaba sobre una pecera. La llenó de nuevo recordando a su único morador: \"Si no puedes cuidar ni de un pez, ¿cómo esperas dejar de estar solo?\".
Sobre el agua aparecían juegos de sombras y reflejos como manchas de Rorschach animadas. Dos zonas claras con una zona oscura en medio le parecieron una espalda femenina desnuda surcada por una gruesa trenza. Quedó hipnotizado con aquella imagen que subía y bajaba cadenciosamente: una mujer lo cabalgaba lenta, muy lentamente porque hacía el amor como ella siempre quiso, alargando el placer al marcar su compás pero con el rostro oculto. Él alcanzó una excitación sin precedente. Toda la piel empezó a sensibilizarse, a hormiguear de pies a cabeza mientras un calor vibrante subía de su vientre hasta el cuello.
De pronto le sobrevino el orgasmo más intenso y podía haber seguido toda la noche, pues apenas eyaculó unas gotas... en ese momento se prendieron las lámparas dejándolo aturdido. Creyó haber tenido un sueño húmedo, de otra forma no se explicaba cómo conocía las motivaciones de su compañera, ni que una sombra temblorosa lo provocara tanto, cuando se había vuelto insensible aún a la pornografía más grotesca.
Y ahora venía Teresa con su trenza oscilante a recordarle todo. ¿Habían participado del mismo sueño?, porque sin duda era ella y lo había disfrutado aún más. La extrañeza fue cediendo ante el tedio cotidiano, mas al llegar la noche se sentó desnudo frente a la pecera, situada sobre un paño blanco iluminándola con dos velas. Estaba dispuesto a irrumpir de nuevo en sueños ajenos, como un hacker que asalta la privacidad ajena.
La penumbra lo adormeció hasta casi vencerlo cuando adivinó una zona triangular que no podía ser más que un pubis cubierto por gasas. Alguien estaba de pie frente a el, con las piernas ligeramente separadas, la cadera echada hacia delante y, lo más incitante, al instante tuvo la convicción de que eran sus dedos los que tiraban suavemente de la prenda hacia arriba para remarcar los contornos de aquél grano de café turgente con su nítido canal central que quedaba a la altura de su boca.
Su yo racional intervino: había que bajar la prenda, no subirla. Pero en cuanto quiso dirigir la acción sólo percibió manchas en claroscuro sobre el agua. En sesiones siguientes aprendió que no se le permitía influir en la acción ni seleccionar compañera, la mayoría de las veces alguna desconocida a quien había entrevisto fugazmente en el transporte colectivo o en algún comercio. Intuía que sólo le estaba permitido actuar bajo un guión ajeno de alguien que le permitía poner en práctica sus deseos más íntimos y secretos.
Así se iban alternando noche a noche estampas de un hombro mojado de quien deseaba ser amada bajo la ducha, o un lunar que esperaba ser besado; a veces eran imágenes que dudosamente podían ser eróticas, pero que simbolizaban mucho para su creadora, como aquel paquetito envuelto en papel amarrado con listón rojo tan incitador.
Pronto se involucraron otros sentidos: una noche se sintió recostado en posición fetal mientras un par de senos le recorrían la espalda de arriba hacia abajo alternando con el frotar de un indudable vello púbico y percibió sabores y olores nunca imaginados. Ahora únicamente vivía para esperar la llegada de las noches, en las que alcanzaba varios clímax cada vez más intensos.
Cuando alcanzó el éxtasis se sintió absorbido por el agua, convirtiéndose en un duende de los sueños eróticos. Algunas lo llaman \"súcubo\"... otras solo quedan agradecidas.
la foto es de Robb Debenport, tomada de www.debenport.com
Para mí "poseer a una mujer" es la posibilidad de adentrarme en la intimidad de su alma a través de la intimidad sexual. No quiero sólo abrirle las piernas y penetrarla: quiero entrar en ella cabalmente, fundirme en sus secretos al hacerle el amor, conocerla enteramente y apreciar esos secretos que sólo muestra una mujer cuando se apasiona y gracias al placer libera sus tabúes y miedos. Gozar de ella y con ella en los planos físico y espiritual.
miércoles, 25 de mayo de 2011
viernes, 20 de mayo de 2011
lunes, 12 de octubre de 2009
Remembranzas
a falta de inspiración nueva...
me refritearé el primer intento de haiku que tuve en mi vida, jeje
no se fijen en que la métrica 5-7-5 está completamente ausente
sino en que fue el primer atisbo de mirar el mundo como lo hacen los haijin:
me refritearé el primer intento de haiku que tuve en mi vida, jeje
no se fijen en que la métrica 5-7-5 está completamente ausente
sino en que fue el primer atisbo de mirar el mundo como lo hacen los haijin:
Mullidas firmezas
como panes lejanos
tus senos añoro
como panes lejanos
tus senos añoro
lunes, 3 de agosto de 2009
lunes, 29 de junio de 2009
viernes, 15 de mayo de 2009
Hoy no!
Hoy no veré tus senos balancearse suavemente sobre mi pecho por el impulso de tu cadera ansiosa, mientras tus pezones endurecidos buscan afanosamente mis labios.
Hoy no quiero mirar como tus labios se proyectan hacia adelante justo antes de que el éxtasis los distienda entreabriéndolos para dejar escapar ése tu reclamo tan musical y único.
¿Te dije que tampoco me apetece la imagen de tus ojos entrecerrados dejando ver un poco de blanco bajo tus pupilas marrones y brillosas mientras te concentras en la inminencia de tus orgasmos? Y hoy no has de paladear en mi boca el sabor de tu sexo, ni te contemplaré al momento en que te incorpores arqueándote contra mis muslos para exponerte plena a mi mirada y a mis manos, haciéndome alcanzar el límite de los ángulos que puede asumir mi pene erecto sin abandonar tu guarida, con esa sabiduría con que me depositas en el límite entre el placer máximo y el dolor.
¿Sabes? ni siquiera me incita sostener tu cabeza a la altura de mis ingles mientras tu lengua y tus manos liberan la represión de mis palabras. Mucho menos que entremos juntos a la ducha tibia para enjabonarnos el cuerpo y el alma.
Prescindiré del todo de la belleza de tu rostro y de tu busto. Hoy no te dejaré hacer travesuras, no te permitiré sorprenderme con tus variaciones.
Hoy no.
Porque hoy es mi día. Hoy quiero ser egoísta.
Por eso en cuanto cruzaste mi puerta te vendé los ojos con una pañoleta, por eso hice que permanecieras de pie apoyando los codos en la mesa y mis dedos recorrieron tu espalda para curvarla justo en la cintura. Ah, te advierto que tras esta caricia saldrán de la escena. Será su única intervención importante, no esperes que se alternen a ambos lados de tu clítoris con la cadencia que tanto les aprecias, ni que rodeen tus areolas jugando a las escondidillas con tus pezones magníficos.
Ten confianza, seré cuidadoso. Me hinco tras de ti, muerdo el dobladillo de tu falda y la voy levantando, haciendo que mi barbilla surque la parte interna de tus muslos. Lo haga tan lento que mis palmas se adelantan para llenarse en tus curvas, en tu cadera bien torneada, con tus nalgas únicas.
Llego a la cima, me levanto y doy tres pasos atrás para admirar el gusto que tienes para la lencería y adivino tras tus prendas los relieves, surcos y pliegues que tan bien conozco y me siguen asombrando. Pero también es hora de que esas ropas abandonen el escenario, aunque aún tiene en un papel que cumplir: quedarse entre tus tobillos para impedirte la huida. Allí las dejo, justo arriba de tus zapatillas e inicio nuevamente el ascenso, pero ahora es mi lengua la que asume el rol protagónico: pasea por los senderos que antes recorriera la barbilla. Sube y baja, besa los pliegues de las pantorrillas, brinca de un lado al otro hasta llegar al punto de unión de tus piernas.
No la detengo, ella ahora merece ser la primera en bucear tus profundidades, para eso sabe hacer a un lado los pliegues que te resguardan, los recorre hasta donde confluyen resguardando la pequeña seta roja, la paladea, la succiona, se deleita con su aroma, devora esa amanita deliciosa.
Shhhh, no digas nada...
Que ya estoy listo, de pie tras de ti. Quiero poseerte ahora. Mi sexo está ansioso de tu sexo. Pero lo refreno apenas empieza su recorrido, lo retraigo, hago que memorice la forma en que lo arropas apenas entra y el sonido que protesta su salida, una y otra vez.
Que no se estremezcan tus piernas...
Porque ahora recorreré tu interior en su totalidad. quiero sentir como te aferras a mi virilidad desatada, como me aprisionas y tratas de retenerme. Mientras, yo te sostengo por la cadera, te impulso de adelante hacia atrás sincronizando mi movimiento con el que le doy a tu cuerpo. Y mis ojos se vuelven a llenar de ti, no dejo de verte, de olerte, de gozarte, de imponerte mi ritmo.
Y ahora no refrenaré mi orgasmo, ya lo siento venir. Sobreviene de a poco, anunciando su grandeza, como todos los que he alcanzado contigo. Pero permaneceré dentro, hasta que no me expulses, porque quiero sentirte aún como me presionas, como te adueñas de mí.
Mientras, permanece en silencio.
Porque hoy quiero ser egoísta. Hoy es mi día.
Hoy no quiero mirar como tus labios se proyectan hacia adelante justo antes de que el éxtasis los distienda entreabriéndolos para dejar escapar ése tu reclamo tan musical y único.
¿Te dije que tampoco me apetece la imagen de tus ojos entrecerrados dejando ver un poco de blanco bajo tus pupilas marrones y brillosas mientras te concentras en la inminencia de tus orgasmos? Y hoy no has de paladear en mi boca el sabor de tu sexo, ni te contemplaré al momento en que te incorpores arqueándote contra mis muslos para exponerte plena a mi mirada y a mis manos, haciéndome alcanzar el límite de los ángulos que puede asumir mi pene erecto sin abandonar tu guarida, con esa sabiduría con que me depositas en el límite entre el placer máximo y el dolor.
¿Sabes? ni siquiera me incita sostener tu cabeza a la altura de mis ingles mientras tu lengua y tus manos liberan la represión de mis palabras. Mucho menos que entremos juntos a la ducha tibia para enjabonarnos el cuerpo y el alma.
Prescindiré del todo de la belleza de tu rostro y de tu busto. Hoy no te dejaré hacer travesuras, no te permitiré sorprenderme con tus variaciones.
Hoy no.
Porque hoy es mi día. Hoy quiero ser egoísta.
Por eso en cuanto cruzaste mi puerta te vendé los ojos con una pañoleta, por eso hice que permanecieras de pie apoyando los codos en la mesa y mis dedos recorrieron tu espalda para curvarla justo en la cintura. Ah, te advierto que tras esta caricia saldrán de la escena. Será su única intervención importante, no esperes que se alternen a ambos lados de tu clítoris con la cadencia que tanto les aprecias, ni que rodeen tus areolas jugando a las escondidillas con tus pezones magníficos.
Ten confianza, seré cuidadoso. Me hinco tras de ti, muerdo el dobladillo de tu falda y la voy levantando, haciendo que mi barbilla surque la parte interna de tus muslos. Lo haga tan lento que mis palmas se adelantan para llenarse en tus curvas, en tu cadera bien torneada, con tus nalgas únicas.
Llego a la cima, me levanto y doy tres pasos atrás para admirar el gusto que tienes para la lencería y adivino tras tus prendas los relieves, surcos y pliegues que tan bien conozco y me siguen asombrando. Pero también es hora de que esas ropas abandonen el escenario, aunque aún tiene en un papel que cumplir: quedarse entre tus tobillos para impedirte la huida. Allí las dejo, justo arriba de tus zapatillas e inicio nuevamente el ascenso, pero ahora es mi lengua la que asume el rol protagónico: pasea por los senderos que antes recorriera la barbilla. Sube y baja, besa los pliegues de las pantorrillas, brinca de un lado al otro hasta llegar al punto de unión de tus piernas.
No la detengo, ella ahora merece ser la primera en bucear tus profundidades, para eso sabe hacer a un lado los pliegues que te resguardan, los recorre hasta donde confluyen resguardando la pequeña seta roja, la paladea, la succiona, se deleita con su aroma, devora esa amanita deliciosa.
Shhhh, no digas nada...
Que ya estoy listo, de pie tras de ti. Quiero poseerte ahora. Mi sexo está ansioso de tu sexo. Pero lo refreno apenas empieza su recorrido, lo retraigo, hago que memorice la forma en que lo arropas apenas entra y el sonido que protesta su salida, una y otra vez.
Que no se estremezcan tus piernas...
Porque ahora recorreré tu interior en su totalidad. quiero sentir como te aferras a mi virilidad desatada, como me aprisionas y tratas de retenerme. Mientras, yo te sostengo por la cadera, te impulso de adelante hacia atrás sincronizando mi movimiento con el que le doy a tu cuerpo. Y mis ojos se vuelven a llenar de ti, no dejo de verte, de olerte, de gozarte, de imponerte mi ritmo.
Y ahora no refrenaré mi orgasmo, ya lo siento venir. Sobreviene de a poco, anunciando su grandeza, como todos los que he alcanzado contigo. Pero permaneceré dentro, hasta que no me expulses, porque quiero sentirte aún como me presionas, como te adueñas de mí.
Mientras, permanece en silencio.
Porque hoy quiero ser egoísta. Hoy es mi día.
miércoles, 22 de abril de 2009
¿tú besas cuando haces el amor?
--Y ahora te leo, del Ciclo Carolingio, Romance del conde Claros:
(Habla Claraniña, hija de Carlomagno):
---¿Cómo te los imaginas?, porque ella debió traer una faldototota... Por cierto, ¿tú besas cuando haces el amor?
--Mmmmm, ahora que lo pienso, no. Al menos no en los labios; antes y después sí, pero no durante: prefiero usar la boca de otro modo.
---No te pondrás a cantar, ¿o sí?
--A cantar no, pero a veces cuento chistes.
---Si son de esos que normalmente cuentas, ¡qué horror! ¿Te tomaste en serio aquello de que "las mujeres buscamos quien nos haga reír"?
--Para eso recurro a otros métodos...
---¡No sigas!, cambiemos de tema.
--Tú empezaste. Es curioso; en los años que llevamos siendo amigos rara vez hablamos de temas íntimos.
---Quizá sea por eso, aunque muchos sigan pensando que soy tu amante más duradera.
--A mí también me preguntan cómo hago para que no te enceles; nadie cree que nunca hubo nada entre nosotros.
---¿Cómo iban a pensar otra cosa, si en vez de irte de juerga con los crápulas del salón te la pasabas en el cine conmigo?
--Sabes que si hay algo que me deprime es ver a una prostituta esperando cliente. No entiendo cómo pueden excitarse viendo mujeres en un anaquel.
---Pues tu colección de Play Boy está siempre al día.
--Eso es distinto, es como admirar esculturas.
---Querrás decir "esculturas de silicón", la mayoría de ellas son sintéticas.
--Pues las sintetizaron muy bien.
---Ya que hablamos de esto, nunca he entendido por qué eres tan mujeriego. Al principio me hiciste dudar de mi feminidad: soy la única a la que no has tratado de seducir.
--No exageres. Y que seas mi amiga no me impide verte como mujer. Siempre he sospechado que tienes muy bonitos senos.
---¿Crees que no he sentido tu mirada en mi escote? Haces que recuerde la primera vez que me invitaste a comer. Como conocía tu fama antes que a ti, tenía curiosidad de ver cómo me engatusarías para llevarme a la cama.
--Ése nunca ha sido mi estilo. Prefiero "crear ambiente" donde no haya que decir nada. Tampoco me gusta que me presionen.
---¿Por eso nunca le hiciste caso a Silvia? La pobre siempre derrapó por tus huesos. ¿O vas a negar que le estuviste huyendo toda la noche de la graduación para que no se sentara en tus piernas?
--Ahora soy yo el que pide cambiar de tema.
---¿Por qué? Silvia hasta es guapa y tiene un derriere envidiable. Te lo digo yo que no ando nada mal en ese rubro. Por lo que he visto, te inclinas más por las de mucha curva en la cadera y piernas bien torneadas, que por las muy bustonas pero descaderadas.
--No es que sea fea, pero tiene algo así como un aura oscura. Le doy más importancia a eso, con todo y su buen trasero. No me gusta su risa y tampoco sus manos.
---Uy, qué exigente. ¿Acaso te fijaste en las manos de "Sexilia" antes de ligártela? Ni te acordaste de su risa y menos de que era nuestra maestra, lo único que viste fue una chica muy atractiva con buen cuerpo, ¿o no?
--De ella lo que me atraía era su rostro. Me enloquecen las caras ovaladas de ojos grandes y cejas pobladas. Pero con Ceci nunca tuve nada serio
---Ahora entiendo por qué te reprobó, ¿despecho de mujer?
--Sería largo de explicar, quizá ambos tuvimos miedo de involucrarnos realmente.
---Me late que ese miedo a enamorarte es porque aún la quieres, ¿verdad? A tu Ardillita.
--****
---El que calla otorga. Apuesto a que cada vez que haces el amor fantaseas con ella.
--Una de las muchas cosas que me fastidian de ti es que siempre tienes la razón, al menos en parte. Por eso te estimo tanto, y si de confidencias se trata, te diré que por eso no quise que fueras mi amante, no te mereces que estuviera viendo a otra en tu lugar.
---Eso sonó a canción cursi, pero te agradezco la sinceridad. Aunque te he de decir que ya lo sospechaba.
--¿Alguna otra duda? Toda consulta causa honorarios.
---Por hoy sólo una más. ¿Tienes alguna fantasía insatisfecha?
--Me da pena, pero te lo diré. Nunca he hecho el amor con una gangosa.
---¡No eres serio!.
--Me empezaste preguntando si besaba al hacer el amor. Y no, no lo hago porque me encanta oír las voces del placer, aunque me choque que me hablen en diminutivo. No imagino como serán los gemidos de placer de una gangosa.
---¡Basta! Además ya es muy tarde, hay que dormir. Otro día te tocará oír mis historias. Hasta mañana.
---Bueno, Buenas noches, espero que no hables dormida otra vez.
--***
---***
--¿En serio crees que tengo bonitos senos?
(Habla Claraniña, hija de Carlomagno):
"Siempre os preciasteis, conde, de las damas os burlar.
Mas déjame ir a los baños, a los baños a bañar;
cuando yo sea bañada estoy a vuestro mandar.
...
"Tomárala por la mano, para un vergel se van.
A la sombra de un ciprés, debajo de un rosal,
de la cintura arriba, tan dulces besos se dan,
de la cintura abajo como hombre y mujer se han.
Mas déjame ir a los baños, a los baños a bañar;
cuando yo sea bañada estoy a vuestro mandar.
...
"Tomárala por la mano, para un vergel se van.
A la sombra de un ciprés, debajo de un rosal,
de la cintura arriba, tan dulces besos se dan,
de la cintura abajo como hombre y mujer se han.
---¿Cómo te los imaginas?, porque ella debió traer una faldototota... Por cierto, ¿tú besas cuando haces el amor?
--Mmmmm, ahora que lo pienso, no. Al menos no en los labios; antes y después sí, pero no durante: prefiero usar la boca de otro modo.
---No te pondrás a cantar, ¿o sí?
--A cantar no, pero a veces cuento chistes.
---Si son de esos que normalmente cuentas, ¡qué horror! ¿Te tomaste en serio aquello de que "las mujeres buscamos quien nos haga reír"?
--Para eso recurro a otros métodos...
---¡No sigas!, cambiemos de tema.
--Tú empezaste. Es curioso; en los años que llevamos siendo amigos rara vez hablamos de temas íntimos.
---Quizá sea por eso, aunque muchos sigan pensando que soy tu amante más duradera.
--A mí también me preguntan cómo hago para que no te enceles; nadie cree que nunca hubo nada entre nosotros.
---¿Cómo iban a pensar otra cosa, si en vez de irte de juerga con los crápulas del salón te la pasabas en el cine conmigo?
--Sabes que si hay algo que me deprime es ver a una prostituta esperando cliente. No entiendo cómo pueden excitarse viendo mujeres en un anaquel.
---Pues tu colección de Play Boy está siempre al día.
--Eso es distinto, es como admirar esculturas.
---Querrás decir "esculturas de silicón", la mayoría de ellas son sintéticas.
--Pues las sintetizaron muy bien.
---Ya que hablamos de esto, nunca he entendido por qué eres tan mujeriego. Al principio me hiciste dudar de mi feminidad: soy la única a la que no has tratado de seducir.
--No exageres. Y que seas mi amiga no me impide verte como mujer. Siempre he sospechado que tienes muy bonitos senos.
---¿Crees que no he sentido tu mirada en mi escote? Haces que recuerde la primera vez que me invitaste a comer. Como conocía tu fama antes que a ti, tenía curiosidad de ver cómo me engatusarías para llevarme a la cama.
--Ése nunca ha sido mi estilo. Prefiero "crear ambiente" donde no haya que decir nada. Tampoco me gusta que me presionen.
---¿Por eso nunca le hiciste caso a Silvia? La pobre siempre derrapó por tus huesos. ¿O vas a negar que le estuviste huyendo toda la noche de la graduación para que no se sentara en tus piernas?
--Ahora soy yo el que pide cambiar de tema.
---¿Por qué? Silvia hasta es guapa y tiene un derriere envidiable. Te lo digo yo que no ando nada mal en ese rubro. Por lo que he visto, te inclinas más por las de mucha curva en la cadera y piernas bien torneadas, que por las muy bustonas pero descaderadas.
--No es que sea fea, pero tiene algo así como un aura oscura. Le doy más importancia a eso, con todo y su buen trasero. No me gusta su risa y tampoco sus manos.
---Uy, qué exigente. ¿Acaso te fijaste en las manos de "Sexilia" antes de ligártela? Ni te acordaste de su risa y menos de que era nuestra maestra, lo único que viste fue una chica muy atractiva con buen cuerpo, ¿o no?
--De ella lo que me atraía era su rostro. Me enloquecen las caras ovaladas de ojos grandes y cejas pobladas. Pero con Ceci nunca tuve nada serio
---Ahora entiendo por qué te reprobó, ¿despecho de mujer?
--Sería largo de explicar, quizá ambos tuvimos miedo de involucrarnos realmente.
---Me late que ese miedo a enamorarte es porque aún la quieres, ¿verdad? A tu Ardillita.
--****
---El que calla otorga. Apuesto a que cada vez que haces el amor fantaseas con ella.
--Una de las muchas cosas que me fastidian de ti es que siempre tienes la razón, al menos en parte. Por eso te estimo tanto, y si de confidencias se trata, te diré que por eso no quise que fueras mi amante, no te mereces que estuviera viendo a otra en tu lugar.
---Eso sonó a canción cursi, pero te agradezco la sinceridad. Aunque te he de decir que ya lo sospechaba.
--¿Alguna otra duda? Toda consulta causa honorarios.
---Por hoy sólo una más. ¿Tienes alguna fantasía insatisfecha?
--Me da pena, pero te lo diré. Nunca he hecho el amor con una gangosa.
---¡No eres serio!.
--Me empezaste preguntando si besaba al hacer el amor. Y no, no lo hago porque me encanta oír las voces del placer, aunque me choque que me hablen en diminutivo. No imagino como serán los gemidos de placer de una gangosa.
---¡Basta! Además ya es muy tarde, hay que dormir. Otro día te tocará oír mis historias. Hasta mañana.
---Bueno, Buenas noches, espero que no hables dormida otra vez.
--***
---***
--¿En serio crees que tengo bonitos senos?
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