¿Cómo debe proceder un escritor cuando se da cuenta de su talento insuficiente? ¿Cómo podría actuar un amante si se percata de que sus recursos no le bastan? ¿Y qué, si enfrenta las dos situaciones a la vez?
Al ingresar a la facultad, Susana era la condiscípula más envidiada. Sus pláticas traslucían una vida llena de viajes, conocidos... La veracidad de tantas experiencias empezó a dudarse, y cuando sus historias se contradijeron entre sí por toda la escuela cundió su reputación de mitómana.
También se difundió su bien ganada fama de promiscua. Curiosamente los primeros en evadir el tema eran aquellos que se habían acostado con ella, y no porque fuera fea, aunque tampoco era una belleza. Nadie alardeaba de haberla hecho suya, no contaban historias obscenas ni tan siquiera alguna anécdota pícara; a lo sumo la evocaban como un mal encuentro con una prostituta sobrevaluada. Por parte de ella tampoco trascendía nada: el único tema ausente de las fantasías era su pasado amoroso y sexual, a excepción de raras alusiones a tiempos muy lejanos.
Conforme el "club de los susanos" aumentaba, ella se quedó sin amigas y como ninguno de sus amantes persistía tras dos sesiones, se aisló cada vez más en un mundo fantasioso donde era la protagonista de todos los sucesos. Para Susana lo que ella decía era automáticamente verdadero, aunque fueran ocurrencias del momento; en las raras ocasiones en que se le hacía ver que todos sabían que mentía, paraba y tras decir: "Me entendieron mal. Yo lo que dije fue..." continuaba desbocada construyendo castillos en el aire que aprisionaban su personalidad real entre muros de falsedades.
Durante el último año de estudios se incorporó al grupo un ex diácono que trataba de compensar años de represión fingiéndose el disoluto llevando una vida para él muy desenfrenada; en seguida fue evidente qué tan ingenuo era (ya borracho confesaba ser virgen a sus veintiocho). Pese a sus telarañas mentales resultó ser un buen tipo por lo que, cuando se enamoró de Susana, de nada sirvió que se le advirtiera --incluso con pruebas-- que no trataba con la blanca palomita que él veía y con quien, para sorpresa general, formó pareja. Decir que ella lo engatusó sería simplificar las cosas: tal vez lo quería de una manera muy suya o sólo le sorprendía pisar terreno literalmente virgen. Entre tanto, seguía brincando de cama en cama estableciendo una relación de codependencia y manipulación cuya sordidez sólo era invisible para él.
Ése era el estado de las cosas cuando llegó el sorteo para asignar las prácticas de fin de carrera. Me destinaron con Susana a una zona en la selva Lacandona, justo en la frontera con Guatemala. Ahí estaríamos varias semanas supervisados por un investigador a quien todos rehuían pues tenía fama de que su carácter iracundo empeoraba en aquel campamento sólo accesible por avioneta o un viaje de tres horas en lancha desde el pueblecito más cercano, al que se arribaba por una brecha lodosa tras ocho horas de recorrido.
Al saberse a dónde y con quién iría, fui blanco de burlas generalizadas que se concentraron en una colecta para comprarme un cinturón de castidad con conjuros contra Asmodeo. Apenas aterrizamos, comprobamos que en verdad el ambiente era opresivo. La vegetación cerrada, las alimañas, las nubes de moscos y las incomodidades empeoraban el aislamiento.
Eran finales de 1983, durante lo más violento de la guerra sucia en el Petén guatemalteco. La primera vez que oímos un bombardeo no pudimos comer; después ya no nos extrañaba el sobrevuelo rasante de los aviones militares antes de bombardear zonas cercanas, o escuchar durante horas a helicópteros ametrallando aldeas previamente arrasadas por los regimientos de élite que veíamos desplazarse por la otra ribera pavoneando su brutalidad, que atestiguaban los escasos refugiados que lograban cruzar la frontera.
Si el clima era propicio y el ejército guatemalteco no interfería, los únicos contactos con el exterior eran un vuelo semanal que llegaba con correo y provisiones, y un radio de onda corta que sólo se podía usar menos de media hora al día. Es tarea inútil describir cómo se exacerban los sentimientos cuando uno se somete a condiciones tan difíciles. Incluso ahora me cuesta trabajo digerir la angustia por la carta retrasada, la profunda decepción de una rutina alterada, el nerviosismo, la impaciencia... Bajo esas circunstancias se trastocan los conceptos de lealtad y la integridad se percibe a través del color de un cristal empañado y sucio. El único asidero a la cordura era esmerarse en las labores encomendadas, en parte como evasión y en parte para evitar las violentas y generalmente merecidas reprimendas del titular del proyecto tras cada error o imprudencia.
De esa manera pasaba casi todo el día a solas con Susana. Nunca la había tratado más de lo que nos obligaba la vida escolar, y como no había ingresado al club tenía curiosidad por deshilvanar el laberinto de sus historias. Al poco tiempo me convencí de que en el fondo era una niñita asustada y frágil, con un miedo tan terrible a ser lastimada que se disfrazaba tejiendo historias --algunas muy buenas-- con las que se mimetizaba con cada entorno donde se encontrara. Por lo demás, durante el día el clima y los bichos, y de noche la ausencia de privacidad en el campamento hacían innecesario el cinturón de castidad; aparte yo mantenía una relación muy satisfactoria y "open minded", en la que sólo me habían puesto una condición: "Si me pones el cuerno, por favor que no sea con una cajera de banco".
Transcurridas las primeras semanas, y habiendo probado ser capaces
de sobrevivir sin quemar el campamento ni dar al traste años de trabajo, el maestro se animó a dejarnos solos para salir a "la civilización" a tramitar gestiones. Ese día se desató tan mal tiempo que le fue imposible regresar, y en vez de unas horas, quedamos solos durante tres días. Justo la primera noche conocí el otro aspecto de Susana. Apareció de pronto bajo mi mosquitero, cubierta tan solo con una camisetita y calcetines diciendo: "Hazme un campito", mientras tocaba mis genitales.
Pero no había deseo en su urgencia: más que buscar placer parecía que tratara de aliviar una comezón intensa y vergonzosa dejándose poseer apáticamente, sin intentar fingir algún gozo. Ni siquiera parecía sexo pagado (no lo sé de cierto, eso es algo que nunca he practicado) o con una muñeca inflable: ningún juguete transmitiría la impresión de estar usando a su usuario para devaluarse, ni lo humillaría humillándose.
No encontré caricia o beso capaz de repercutir en ella ("no te esfuerces, soy muy lenta"), tampoco resultaron útiles las posibilidades que brindan las hamacas. Lo peor eran sus comentarios sobre algún aspecto que encontrara novedoso, que sonaban más a un estudiante de sicología viendo ratitas. Nunca he sido afecto a las perversiones, pero estoy seguro que accedería a cualquier petición con la misma indiferencia. En síntesis, la experiencia fue tan poco agradable como comerse un plátano con todo y cáscara: como llegó se marchó, sin palabras, sin dar o pedir agradecimientos.
EPÍLOGO
Como todos los miembros del club aprendí a evadirla y a callar la experiencia. Afortunadamente la temporada terminó pronto y con ella la escuela, por lo que ya no teníamos necesidad de frecuentarnos. Supe que se casó con su ex diácono y que tras un divorcio doloroso el emigró a Canadá y ella se dedicó a vender automóviles.
Para mí "poseer a una mujer" es la posibilidad de adentrarme en la intimidad de su alma a través de la intimidad sexual. No quiero sólo abrirle las piernas y penetrarla: quiero entrar en ella cabalmente, fundirme en sus secretos al hacerle el amor, conocerla enteramente y apreciar esos secretos que sólo muestra una mujer cuando se apasiona y gracias al placer libera sus tabúes y miedos. Gozar de ella y con ella en los planos físico y espiritual.
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2 comentarios:
Bonita historia, un poco triste. ¿Por qué Susana buscaría sexo si, al parecer, no sabía gozar? Ay¡ Cómo me gusta espiar la sexualidad de la gente!
Saludos.
susanamoo
www.erotomana.com
Quisiera hacerte un comentario en relación a tu blog, y es la dificultad que he encontrado a la hora de enviar comentario: a diferencia de otros blogs, este obliga a estar asociado en gmail, no se pueden enviar solamente con nombre...no sé si es elección tuya.... Tampoco aparece (o yo no fui capaz de encontrar ) tu dirección de correo.
Bueno, disculpa si me inmiscuyo, es solo por si te puede valer.
Saludos afectuosos: susanamoo
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